lunes, 18 de marzo de 2013

Más allá de la superficie (Mi definición de terruño)


 

En los últimos días sigo pensando sobre el terruño o más específicamente en la definición de terruño. En numerosas acepciones se dice que es la interacción del clima-suelo con el hombre incluido dentro de este sistema.  En muchos casos solo habla del suelo como factor fundamental o el clima. El hombre queda relegado y a veces no se entiende el por qué se incorpora a esta definición.
Según voy entendiendo con el tiempo comienzo a pensar que en realidad la parte fundamental de lo que denominamos terruño es el hombre.  En Mendoza, donde vivo y salvo alguna situación realmente extraña (¿Tsunami? La provincia se hunde y desaparece. Soy desterrado) creo moriré acá. El hombre es parte fundamental o el basamento de la existencia de cualquier cultivo; de otra forma seguiríamos siendo un gran desierto, donde solo existiría vida a las orillas de los cauces naturales.
Los Huarpes, antiguos habitantes de Cuyo, de los cuales se tiene registros prehispánicos y fueron parte del dominio Inca, entendieron que para desarrollarse necesitaban encauzar el agua y usarla eficientemente para el riego, en las zonas cercanas a la actual ciudad utilizaban derivados realizados por ellos del denominado canal Cacique Guaymallen  (zanjón para los cuyanos). De esta forma lograron cultivar y subsistir en estos inhóspitos lugares. La red armada por los huarpes es gran parte de la red hidrológica desarrollada en nuestros días.
Por otro lado, los primeros registros de cultivo de vid son confusos. Sin embargo, diremos que como mínimo en Argentina datan de 1556. El sacerdote Juan Cedrón cultiva en Santiago del Estero plantas de Moscatel y uvas del país para poder utilizarlo en las misas. Así se desarrollo la vitivinicultura hasta la llegada de la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento, donde se conocen los primeros vinos varietales vinificados denominados europeos. Seguramente el Malbec estaba entre ellas. Hablamos de los años 1860 a 1870.
¿A que viene esto? Básicamente cuando cultivamos un viñedo producimos cambios drásticos y casi irreversibles. Cuando decimos: "Acá vamos a plantar un viñedo", se engloba una gran cantidad de sucesos que cambiaran para siempre ese lugar. En primer término, desmontamos y erradicamos gran cantidad de especies establecidas, además de mover la fauna del lugar. Armamos redes hídricas para el riego.
Intervenimos de tal modo que cambiamos el paisaje, las plantas y los animales.
Regreso al comienzo. ¿Cuánto pesa el hombre en la definición de terruño en la vitivinicultura? Yo diría el 90 por ciento o más. Es tan influyente que logra cambiar el comportamiento de la vid, originalmente una liana, y la obliga a vegetar 6 meses y dormir otros seis.
Todo cambia by Mercedes Sosa on Grooveshark
Es así, que cuando hablamos de terruño en realidad hablamos de cómo una determinada cultura del hombre va transformando un lugar, utilizando los recursos climáticos y el suelo y no al revés. Esta definición de terruño, estoy seguro será extendida en el futuro cuando logremos sincerarnos acerca de que el vino existe porque el hombre existe. Y eso es lo más natural que tiene esta bebida utilizada para abrir los corazones y aflojar las penas.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Vigil x Vigil. Un autodefinido


Como persona me defino como... 
Un hombre de Mendoza que intenta todos los días de su vida ser buena persona y producir placer en la mayor cantidad de gente con el trabajo que me toca hacer.

Ser creador de vinos es ser...
Es intentar reflejar una cultura que lleva ciento de años de historia poniendo el amor y la dedicación que se merece la transcripción de estas huellas encriptadas en la uva y en cada zona

Mis valores y principios al hacer un vino son...
Amor, pasión y trabajo. Además, respetar y tener la humildad de entender que uno es un pequeño eslabón de millones de pasos que tienen como consecuencia que un vino llegue a una góndola y sea bebido por alguien. Es básicamente entender el mundo del vino como un suceso de innumerables milagros que, en definitiva, deberían producir placer.

Antes de elaborar un vino me inspiro en...
Es difícil pensar en una sola cosa que me inspire pero creo que al final tiene que ver más con lo intuitivo. Pero si tuviera que ponerle un nombre a la musa, sin duda es la literatura, especialmente latinoamericana. También la música y la vida en sí.

La literatura en mi vida es...
Es una fuente de conocimiento que me permitió entender la importancia de la diversidad y comprender que existe una enorme cantidad de caminos para lograr el amor a la vida. En mi caso en particular, la vida pasa por la cultura del vino y lo que me hace levantarme todas las mañanas intentando hacer un mundo mejor.

El secreto de todo gran vino es...
La historia que tiene detrás de cada trazo en la boca, cada sensación en la nariz... Tiene que estar creado en base a la diversidad de cada terruño, de cada uva y dejar la marca del hombre que le imprime un carácter como parte de un proceso de creatividad y amor. Obviamente todo basado en argumentos científicos y tangibles.
Mi objetivo en este camino como enólogo es...
Intentar terminar produciendo vino con los mismos sentimientos de mi infancia, libre de todo prejuicio y paradigma impuesto como base de sustento de una imagen. Creo que la infancia tiene el don de la inocencia, el respeto y la comprensión de cosas que con la edad vamos perdiendo... Espero poder volver a ese disfrute permanente de trabajo y juego.

El mayor desafío que enfrento día a día...
Es sin lugar a duda entender que nosotros (los enólogos) somos parte de una actividad que cambia después de una enorme cantidad de tiempo y que sólo estamos de paso. Somos un grano de arena que involucra miles de voluntades en torno al aprendizaje de la humanidad a través del vino. Nuestro trabajo perdurará en el anonimato como las miles de almas y héroes anónimos de este hermoso trabajo.

Uno de los sueños que me falta cumplir es...
Reincorporar la cultura del vino a las mesas familiares como parte esencial de la alimentación. Reencontrar esos caminos perdidos. En lo personal dedicarme a la escritura de cuentos, pasar más tiempo viendo crecer los árboles y mis retoños... Involucrarme más en la naturaleza y el silencio.

Algo que siempre trato de enseñarle a mi hijo es...
Que no tengan miedo ante las cosas. Lo peor que puede pasar es tener que recomenzar y eso da miles de oportunidades para vivir cosas nuevas y aprender

El mayor legado que quiero dejarle a la vitivinicultura argentina es...
Mi pequeño aporte es dejar un mínimo interés y respeto a diversidad, mis humildes aportes a la caracterización de zonas pero básicamente y resumiendo voy a dejar vino, que espero lo disfruten en los próximos 50 o 60 años; vinos que están hechos con pasión, respeto, amor y, en muchos casos, coraje.

Fuente: www.iprofesional.com/

jueves, 3 de enero de 2013

Esperanza y trabajo


Hace casi un año escribí sobre la vitivinicultura Argentina algo como ¡A brillar!, aludiendo a la gran oportunidad que se nos presentaba. Recuerdo la explosión del Malbec, que comenzó en el año 2000 y que las cifras marcaron hacia el 2004 con crecimientos en las exportaciones a niveles impensados. Es cierto que aquello se debió a nuestra coyuntura como país (dólar alto), pero fundamentalmente por la relación precio-calidad que evidenciaron tanto los críticos internacionales como los consumidores. Así ingresábamos en el paradigma Malbec: se instaló en la percepción del consumidor que el Malbec es uno de los mejores vinos del mundo y que es en Argentina donde se producen los mejores. A simple vista, es muy positivo, pero también acota la diversidad de la vitivinicultura, como si solo pudiéramos hacer grandes Malbecs. Contra ese pronóstico, este año una gran parte de las empresas, técnicos y personas vinculadas a la comunicación lograron posicionar el tema de las zonas o microzonas y los distintos varietales, lo que constituye un gran avance. Cada día me sorprendo aun más, no es que hayamos comenzado a hablar deliberadamente de La Consulta o Gualtallary, sino que se respalda con años de trabajo, con investigaciones, ensayos, estudios geológicos e inversiones a largo plazo. Esfuerzos que, este año, se plasmaron en reconocimientos internacionales y presentaciones de vinos específicos. Es un gran alivio, me permite pensar que las coyunturas limitan negocios, pero no detienen una actividad cuya base es la cultura de pueblos que se dedican a identificarse con las costumbres, como la de beber vinos para compartir momentos inolvidables, debatir penas o contemplar el futuro. A todos aquellos que trabajan incansablemente sin reconocimientos, a los héroes anónimos pasados y presentes, a las figuras internacionales que nos abren puertas, a los iconos que marcaron la historia, a los pequeños productores que pelean por justas condiciones, a los inversores arriesgados, gracias por hacer de este 2012 un gran año y permitirnos soñar con una vitivinicultura sólida y con un futuro brillante. Salud.

jueves, 2 de agosto de 2012

"Si no hubiese sido enólogo, estaría perdido porque no tenía alternativa ni plan B"

Hoy por hoy, hablar de Alejandro Vigil es hacer referencia a uno de los enólogos más prestigiosos de la Argentina.

No es para menos: como chief winemaker de la bodega Catena Zapata, anualmente está al frente de la producción de millones de litros de vino que incluyen desde la etiqueta más exportada por la Argentina, Alamos, hasta verdaderas joyas vitivinícolas, como el Nicolás Catena.

Pero Vigil, como uno de los mayores exponentes de la nueva generación de enólogos argentinos,rompió el molde de la profesión. Según él mismo cuenta, a aquellos que trabajan bajo su paraguas no les pide que lean libros de enología, sino de literatura para fomentar un poco la creatividad del equipo e ir más allá de la acidez volátil, la maloláctica y demás cuestiones técnicas.

Este enólogo, además, desarrolla otros proyectos: junto a Adrianna Catena (hija de Nicolás), hace poco presentó El Enemigo, un Malbec con el que buscó ponerle un poco de "pimienta" al mundo del vino.

Pero hay más: Vigil también conduce el programa de radio In Vino Veritas junto a otros tres amigos como José Bahamonde, Marcelo Pelleriti y Mauricio Llaver, en el cual verdaderas figuras como Michel Rolland comparten espacio con temas de The Clash.

Por último, Vigil también lleva adelante su propio blog: Mi vida de Cosecha, donde plasma sensaciones y vivencias vinculadas con el arte de hacer vinos, donde mezcla vivencias personales y conceptos técnicos.

En este contexto, Vinos & Bodegas invitó a sus lectores a que formulen sus preguntas a esta figura de la vitivinicultura argentina. Vigil cumplió su parte y respondió las consultas seleccionadas:

-Alejandro, ¿en qué te inspiras para hacer un vino? ¿Cuál sería tu "disparador"? ¿Un sabor, un olor, un color, una forma, una historia? (Sonia Baena)
-Estimada Sonia es una pregunta que a diario suelo realizarme, nunca entiendo el mecanismo que dispara esa señal que logra entender cosas abstractas que realmente nunca comprendo. Pero debo decir que sospecho, con el pasar de los años, que es algo que se trae en lo que llamamos memoria intuitiva. Hay una teoría de la evolución que fue desechada pero creo debe estudiarse mucho más que es aquella que habla de la genética adquirida por la adaptación. Esta teoría reza que la adaptación es hereditaria y, hablando del vino más precisamente, aparentemente en mi familia hay mucha gente gustosa de tomar y lo que nos interesa por herencia haber tomado mucho vino, de ahí que al ponerme frente a los vinos para armar un corte mi genética hace que narre el momento enorme de felicidad de muchos antepasados e interprete lo que podría hacerte feliz. Es casi una situación incómoda donde sabría con qué hacerte feliz al mezclar estos brebajes devenidos de la fermentación de mi amada uva. Entonces al resumirlo: mezclo sabores y aromas que pienso me hacen feliz a su ingesta, esto tiene numerables, porque la frase innumerable hace referencia a lo inalcanzable. Pero esto es alcanzable, caracteres que al mezclar logran esa sensación posible de satisfacción. Por ende, lo que me inspira es esa sensación plena de amor y tranquilidad.

-Quería preguntarte Alejandro cuál es el vino, de todos los que elaborás, que particularmente más orgullo te genera y por qué (Federico Vallejos)
-Gracias por preguntar esto. Realmente la gente piensa que aquellos vinos iconos son los que el enólogo infla pecho, la realidad es que el vino que levanta mi espíritu, me da energía y siento que pertenezco al club del bebedor es Saint Felicient. Es un clásico en el cual, pase quien pase, permanece. Y poder adaptarme con mis reglas de "todo cambia" a un estilo me hace sentir que tengo, sin darme cuenta, respeto a la tradición vitivinícola de algo que se hace al respirar o dormir; algo sin sello que vive por sí mismo en la independencia de la intervención de cualquier ser.

-¿Tenés buena relación con tus colegas? ¿A qué enólogos locales admirás y qué vino argentino de otra bodega te gusta mucho? (Ariel Bianchini)
-Querido Ariel, mi existencia es debido a la permanente convivencia con amigos de este rubro grande de corazón y pobre en el PBI de nuestro país. Tengo relación permanente con mi hermanoMarcelo Pelleriti, con quien comparto un programa de radio semanal. Con Daniel Pi (Trapiche ) discuto teorías inaceptables. Roberto de La Motta aguanta mis problemas existenciales apagados regularmente con Oporto. Tengo admiración por los hermanos Michellini, que entienden el vino como un hecho digno al cual debemos rendirnos. Por Richitteli, con quien las generaciones nos separan pero el amor al vino nos unen. Edi del Popolo, con su generosidad e incansable trabajo junto a una de la personas más leales del ambiente David Bonomi. Los intercambios amistosos y sinceros de ideas con Herve Berni Scott o, mejor, los llantos derramados con Ernesto Bajda en la emoción de un vino. Como con ellos o Lorca , Durigutti, Felipe , Leopoldo, David Funes con sus frases de aguante y doscientos más que nos apoyamos, debo decirte finalmente que con gran parte de los que denomino "colegas" tengo buena relación.

Respecto a la segunda parte de tu pregunta, siempre tomo vinos de amigos, como por ejemploAlto Cedro del gran turco Karin, los single de Daniel, los vinos de Mendel, Linda Flor....hay enormes vinos en Argentina con historia y mucho amor detrás.

-¿Cómo enfocarías el marketing aplicado al negocio del vino? (Marce Barros)
-Una de las actividades que entiende el marketing a largo plazo como el vino hay pocas. El mayor ejemplo es Francia y su reinvención permanente. No creo en inventar ruedas que nunca se pinchan, por tal motivo debemos profundizar la idea terruño básicamente y convertirla en una comunicación permanente que dé identidad y largo plazo a nuestra industria. Es un tema que basa la calidad con una zona y pude llegar al consumidor en poco tiempo diseñado por un marketing de lo autóctono, cultura y pasión de nuestra sangre debido a la diversidad.

-¿Cómo se puede saber cuándo un vino de una cosecha en particular será un gran vino? ¿Se tienen elementos que puedan identificarse previamente para saberlo? (David Salischjker)
-La mejor forma es sabiendo cómo fue el año del viñedo. Los vinos sin lugar a duda son el reflejo de lo que pasó durante la estación, tanto climáticamente como su desarrollo debido al suelo. En todos los casos la que dicta la calidad es la uva. En las bodegas lo que se intenta es echar a perder lo menos posible lo que viene del campo. Así, en un buen año con viñedos equilibrados y otoños templados tendremos vinos de gran guarda.

-Para que un vino exprese las características del terroir de donde proviene ¿debe elaborarse con las levaduras que traen las uvas del viñedo, o es lo mismo hacerlo con levaduras de laboratorio? (Diego Di Giacomo)
-Idealmente, con las levaduras indígenas, más por concepto que por resultado. Cuando hablamos de vivos de terruños como consumidores tenemos que estar dispuestos a explorar nuevos horizontes e identificar cosas que teóricamente son defectos, como efectos del terruño. Así hay zonas por ejemplo donde la población de bretanomices es elevado en el viñedo y, por ende, debemos aceptarlas como parte del terruño. Como ese, hay miles de ejemplos.

-¿Qué opinás de la tendencia mundial de productos biodinámicos, la cual ya toca al vino en varios lugares del mundo? (Fabricio Simon)
-La realidad que la biodinamia tiene un concepto muy arraigado en los agricultores. En casa donde mi abuelo o mi suegro siempre sembraron y tenían conceptos que hoy son parte de este movimiento. Por ejemplo, la zanahoria o la cebolla se plantan en decreciente y el maíz en creciente, como ves, es la unión de varias experiencias que logran un concepto único. Particularmente a mí me interesa desde un plano netamente intelectual y teórico.

-Alejandro, ¿cómo pensás que va a evolucionar la vitivinicultura Argentina y qué cepa, a tu criterio, sucederá al exitoso Malbec Argentino? ¿Esa variedad va a tener tanto potencial para lograr lo que el Malbec hizo hasta ahora? (Silvio Martinelli)
-Sólo te diré lo que espero y me gustaría: espero y hago fuerza para que exploremos el concepto terruño, la identidad geográfica y que el varietal sea el principio de un nombre donde lo importante sea el apellido (región). Esto paulatinamente se convertirá en la denominación de la zona y el color del vino. Así, el día de mañana hablaremos de tinto de Altamira o tinto de Chapañay, o de blanco de Gualtallary. Esta evolución debe hacerse por medio de estudios que delimiten regiones por el compendio suelo-clima-humano. Tampoco hay que caer en las denominaciones de origen que limiten la diversidad y la creatividad intelectual.

-Quería preguntarte Alejandro qué perspectivas de desarrollo le ves a la Bonarda en la Argentina y cómo ves a esta cepa posicionada en los próximos 10 años (David Singermann)
-Sin lugar a duda, la Bonarda históricamente ha ocupado un lugar importante en la vitivinicultura nacional, así hace 5 años atrás era el mayor varietal implantado en Argentina. Desde ese punto de vista te diría que es un gran terreno el que ha ganado y, siguiendo con el concepto radicular de la anterior pregunta, en pocos años se convertirá el vino tinto de varias zonas.

-Si no hubieses sido enólogo, ¿en qué otra cosa te sentís capacitado? (Alejandro Márquez)
-Sin lugar a duda estaría perdido. La verdad es que es el oficio que me enseñó mi abuelo y que desarrollé casi a la misma velocidad que el caminar. Es algo que viene incorporado como el papá y la mamá. No podría hacer otra cosa. De hecho, personalmente creo que es lo único que me sale medianamente bien. No tengo alternativa ni plan B.

lunes, 16 de julio de 2012

A brillar...





Hace 11 años viajé por primera vez a Napa. Recuerdo que en una bodega me preguntaron si nuestro idioma era el portugués y si Río de Janeiro era la capital.  Pocos conocían el Malbec y menos se imaginaban que teníamos Cabernet Sauvignon implantado en Argentina.  Solo a modo de recuerdo viajé en esa oportunidad con Alejandro Sejanovich. Paramos en Carneros, la casa de Lee Hudson, un lugar increíble. Lee tenia algo así como 2000 acres que había comprado en los principio de los ’80. Su hermano se dedicó a la actividad inmobiliaria y lo tentó en esta aventura. Compró el acre a unos u$s 3000. Hoy está valuado en más de 300.000.  Rodeado de viñedos y bosques de alcornoques es un lugar paradisíaco, donde la gente que cuidaba el viñedo también se dedicaba a cultivar zapallos, sandías y tomates ¡para concursos!, Recuerdo un zapallo de mas de 500 Kg. También asistí a mi primer fiesta de la vendimia fuera de Mendoza, donde básicamente se juntaron enólogos, viticultores, los operarios y con Mariachis mediante, se armaba la chupandina y comida a discreción. Por aquellos tiempos teníamos muchas ganas, ideas y solo necesitábamos probar para saber por donde estábamos. Realmente creo que gran parte de los 98 puntos logrados en la cosecha 2004 fueron debido a este viaje. Fue como confirmar que lo que pensábamos no estaba tan mal... Hoy ya no se si me interesa ese puntaje, pero en aquellos tiempos la idea no me dejaba dormir. Mi primera visita a Joseph Phelps, Caymus, a los viñedos de tocalon, las famosas salas de degustación donde con solo presentar tu tarjeta personal te servían todo gratis…y ese mundo perfecto de Napa creo, hoy hay un negocio inmobiliario, ya que de otra forma no se explica la perfección de cuento de hadas.  Mención especial a Nicolás Catena, que me llamó antes del viaje y me dijo palabras sabias, de alguien que conoce de esto: “Tiene la oportunidad de ver y saborear lo mejor de esa región. No se ahogue en ese mar. Enfóquese en el Cabernet y su sabor. Tiene la oportunidad de cambiar todo” y la verdad me dio esa oportunidad. También Laura Catena, a quien no solamente le debo por las roturas que sufrió su auto (¡perdón!) sino los contactos y lo mejor: el presupuesto. Por algo la empresa es lo que es. Algo muy importante al final del viaje. Me junté con Luis Reginatto, que estaba haciendo una gira comercial. Dos anécdotas dos: Número uno:  tomamos tanto que nos olvidamos en qué playa de estacionamiento estaba el auto en San Francisco, y se puso muy complicado. Número dos: veíamos a gente que corría mientras nosotros, panchos, estábamos tomando vino. En una de esas vemos a un tipo con un matafuegos y a unos 30 metros un auto incendiado… No me voy a olvidar nuestra pasividad ante el hecho.

(salto)

Por entonces releía a Don Sábato, casi perplejo de su reinvento en el mismo libro, su forma negativa para hacerme tener esperanza. Seguro estaba en lo trágico “Sobre héroes y tumbas”, escuchando “A brillar mi amor”. Redondos en piel recordando ese primer recital al cual pude asistir en Huracán de Parque Patricios, en Buenos Aires, a mediados de los ‘90.


La Bestia Pop by Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota on Grooveshark

(caigo)

Hace dos años viajé al primer simposio internacional de Cabernet Sauvignon en Napa. En esa ocasión se dieron clases sobre Bordeaux, el terruño de Napa, la geología y degustaciones verticales de los grandes vinos de Francia y Napa Valley. 
Este año invitaron a la Bodega Catena Zapata a exponer sobre el Cabernet Sauvignon en Argentina. Fue una grata sorpresa y sentimos orgullo, sobre todo pensando que hacia 11 años no sabían nada de nosotros.
Esto nos pone en un nivel muy importante, ya que se le dedicó medio día a nuestro país. La gente que participa es la más influyente en el mundo de los vinos de primer nivel. Podías encontrar Opus One, Palmer, Staglin, Margoux, Antinori, Marqués de Carrascal y además sus equipos técnicos, comerciales, gente de marketing y dueños de las bodegas.
Los ejes principales de discusión fueron muy parecidos a los que escuchamos en la última edición del Argentine Wine Award. Los niveles de alcohol, el uso de madera, las zonificaciones, el entendimiento de las zonas, las estadísticas de implantación de cada lugar. En principio fue muy llamativo, pero después entendí que todo está en torno al mismo punto. La intervención del hombre, cuánto, en qué forma y los objetivos finales; en fin, las degustaciones de distintas añadas de estos grandes vinos, las explicaciones técnicas y las filosofía de cultivo y elaboración dominaban las charlas.
Nuestro día llego y junto a la exposición presentamos varios Cabernet Sauvignon de las distintas zonas de Mendoza, también Catena Alta del año 2005 y Nicolás Catena Zapata 2009. Si bien nosotros veníamos viendo que el nivel de  nuestros vinos estaba a la altura de las circunstancias teníamos que comprobarlo con un panel sumamente especializado. El examen fue realmente impensado y con gran recepción. A partir de ahí se pasó gran parte de la mañana con preguntas especificas sobre nuestro país y la cultura de nuestra vitivinicultura.
Pensando más allá de lo vivido en este Segundo Simposio Internacional de Cabernet Sauvignon, observé varios puntos que me gustaría compartir para seguir discutiendo respecto a nuestro futuro como región, siempre desde la humilde mirada de alguien que lleva poco tiempo en esta actividad aunque eso implique toda mi (la) vida.
·         - Las cosechas mejores clasificadas de Bordeaux tenían mayor contenido de alcohol, así un Cot Esturnel podía llegar a 14,6º mientras que los clasificados en menor valía por ellos mismos tenían alcoholes de 13º o menos. Sumamente interesante  cuando nosotros estamos yendo como concepto a la inversa. Es más, parte importante de mi filosofía de elaboración es bajar los alcoholes.  Insisto, esto no es una visión mía, es lo que detecté en el simposio. 
·         - Estas cosechas clasificadas como mejores (año 2000) no se si evolucionaron como esperábamos varios de los participantes. En cambio, añadas denominadas regulares (1998) presentaban una increíble elegancia y tipicidad de la zona.
·        -  Los vinos argentinos ya están a nivel de los denominados first class.
·         - Tenemos costos de elaboración muy parecidos, solo que el precio promedio de la caja en EEUU es 5 a 10 veces mayor que el nuestro. Esto nos traerá problemas graves a futuro.
·         - Existe una fuerte corriente de vinos naturales, baja intervención del hombre, en la cual Argentina podría estar muy bien posicionada por nuestras características climatológicas
·         - Y si todo el mundo está hablando de zonas… ¿es el principio del fin del varietal? No lo veo así, pero al parecer todos prestan mayor atención a la zona que al varietal.

Ahora yo no creo ni en el bajo ni en el alto alcohol. Si creo en la intervención del hombre casi como dogma. Desde el momento en que interrumpimos el medio con este monocultivo estamos dejando de lado gran parte de lo natural, pero si es necesario mantener una ética basada en ser lo sumamente pulcros en nuestra intervención. No dañar lo que la vid nos entrega con tanto trabajo, ser uno natural para que de ahí surjan lo que podríamos llamar vinos auténticos. No me gustan los vinos armados especialmente para un cliente o un consumidor. Básicamente porque no creen en si mismos y toman un rol o personaje que en principio no lo hace natural. No creo en la alta madera o baja madera. Creo en la intervención acentuada por el respeto a la “no fruta”, por llamarlo de alguna manera. En niveles que no necesariamente tengan que ver con  un balance dibujado por la concentración debido a las sobre extracciones, sumadas a sangrías que en todo caso perjudican en gran medida lo que llamamos vino y la real sustentabilidad.  No creo en varietales y zonas, si creo en el hombre que dentro de una sociedad define con su ambiente su cultura. Si algo de esto es impuesto, dibujado, no pertenece. Es una mentira que, si bien no interesa al consumidor, debería importarle a quien elabora esto, por su conciencia y su sueño, por ser un paracaidista camuflado de verde, y digo verde en el estricto sentido de la moneda. No pretendo afirmar que el dinero no importa, aseguro que junto con el vino debería ser obligación la dignidad para ganarlo. No tengo idea que quieren decir cuando a un vino lo llaman “honesto, natural, típico”. Sin embargo, entiendo que nuestra intervención debe proteger a esta bebida a la que consideramos alimento y en mi caso lo único que podría hacer en este mundo, porque otra cosa, no se. 

lunes, 19 de marzo de 2012

Cuestión de peso


Estamos llegando al punto donde la cosecha toma velocidad. La adrenalina ocupa parte importante de la sangre. Pasados todos estos años sigo sintiendo el primer amor cada instante. Los miedos son los mismos. Las decisiones se toman más pausadamente, con el tiempo uno se adecua a esas estructuras que son como aguas donde se nada cómodo. En otro momento no se sentía la incomodidad…eso me dice una sola cosa, los años van tomando mi libertad...
Estos días escuche enorme cantidad de planteos sobre el nivel de alcohol. Sin querer me llevó a los primeros pensamientos e hipótesis que en cierta forma están estrechamente ligados. Se trata de los rendimientos por planta en función de la calidad. Mi diagrama mental de lógica cuando comencé tendía a vincular el suelo a la calidad. Así pensaba que suelos profundos y fértiles daban mala calidad y los suelos  pobres de baja profundidad eran la panacea para obtener nuestros vinos top.  Con el tiempo, esta teoría fue tomando forma pero con muchos condicionamientos. Tantos, tantos, que al final cambió la hipótesis y de esta forma también cambió la visión sobre el alcohol y la concentración.
Así fue que la lógica me dicto parámetros que tenía que resolver en forma práctica y matemática. La teoría era: “a menor carga, mayor calidad”. Simple, pero con una enorme diversidad de acepciones. En la práctica trabajamos una gran cantidad de parcelas con gran variedad de rendimientos en distintas zonas. ¿Los resultados? Tan variables como las parcelas. Nada en concreto así en tres años. Hasta que comenzamos a ajustar cada zona y luego sub-zona a los rendimientos óptimos. ¿OPTIMOS? ¿Para qué? Desde esa simple pregunta dejé de hacer raleo, no tire más uva al piso y encontré un respeto a lo que natura da. De esta manera,  pasado el tiempo, descubrí que todo estaba vinculado al sentido común. Si la planta tiene más carga cosecharemos más tarde y si la planta tiene menos carga, ¡será antes! Y si, es lógico, pero no es fácil de llevar a la práctica. En estos días estoy leyendo “El Curioso incidente del  perro a medianoche”, de Mark Haddon. Es una novela verosímil que ayuda a comprendernos mejor a nosotros mismos y deja aromas de un gran sentido del humor...recomendable.
Al final, la simplicidad de las cosas se limita a simples variables que las podemos definir con la matemática, pero más con lo que denominamos sentido común. La variabilidad es la única herramienta real y probada para mantener la consistencia en el tiempo. Mucha variación en el año, poca entre años, es una definición estadística pero que bien funciona en todo ……cortito y al pie , que no nos engañen más. El rendimiento tiene que ver con la interrelación con el medio y no con el capricho de la página para el periodista.
Algo divertido de la semana. El encuentro con el importador de Dinamarca Christian Philipson. Un personaje de película que siempre me da la oportunidad de probar grandes vinos y el que me permitió encontrar a Guigal y sus lalala , grandes vinos de personalidad y amor. (www.guigal.com)
Otro punto alto de la semana. Son esas pocas horas con los que me logro ver con los In Vino Veritas para grabar nuestros garabatos radiales. (www.facebook.com/InVinoVeritasTv) Fuerte en emoción, alimentador de espíritu, recreo vendimial. Nuestra invitada, Nadia Harón. Alguien que convirtió lo cotidiano de cocinar en Arte. Siempre recomiendo sus dos restoranes, al igual que los vinos de la bodega familiar O Fournier. Divertido programa, pero con aspectos ya más críticos al sistema , donde estoy encontrando espacio para mis reclamos, sobre todo el de la seguridad, y la necesidad de involucrarnos como ciudadanos para que las soluciones también las aportemos nosotros.


Paloma by Los Visitantes on Grooveshark 


(Pausa, entra cortina,  cambia el ritmo y…)



Los malbec comenzaron a entrar en las bodegas, prometen calidad, prometen valía… es cuestión de no echarlo a perder. Veremos como sigue…